La societé du espectacle

La societé du espectacle

Guy Debord nos habla de cómo la sociedad se ha convertido en un espectáculo de representaciones mediatizadas y motorizadas que dominan los comportamientos y relaciones de los individuos. En sistema repleto de imágenes, la vida parece ser un mero simulacro sin esencia en el que el individuo espectador es pasivo, vive sometido bajo un ritmo de vida incesante que le desconecta de cualquier emancipación reflexiva o pasional. Entre líneas del texto, leo una voz desanimada al perpetrar la sumisión sistematizada que padece el individuo contemporáneo. 

Ciertamente, el resultado de la tesis de Debord ya venía anunciándose desde la Escuela de Frankfurt. Walter Benjamin nos decía en “Tesis sobre la historia y otros fragmentos” que la imagen del pasado en la que deberíamos vernos reflejados, pasa tan rápida y desapercibidamente ante nuestros ojos que cada generación que pasa en el mundo parece llegada de cero a la tierra. Nuestros ojos ya no son pilares de la verdad, sino trampas de un engaño generalizado. Este es un efecto que muchos autores, Adorno, Duhamel, Kracauer, entre tantos… Han denominado como “narcotizante”. La estructura capitalista arraigada a la repetición, a la linealidad y al movimiento constante desintegraba la oportunidad de vencer ese estado monógamo, pasivo, que la sociedad de espectáculo atravesaba y continúa atravesando. De hecho, podemos esta fenomenología se detecta a partir de “Les multitudes” de Baudelaire, textos que recogen cómo la vida psíquica de la sociedad urbanizada se desintegra y deteriora sumergiéndose en una gran masa, sin nombre ni cara, que tiene una presencia plasmática y líquida.

Nietzsche nos decía, en un extracto de sus fragmentos póstumos, “todo saber produce por separación”. Esta premisa me ha llevado a pensar en los pintores de la Escuela de Barbizon que se alejaron de las calles cada vez más abarrotadas y ruidosas de París para extraviarse a Fontainebleau, a pintar paisajes. La metáfora es muy poderosa: ir a buscar el silencio para poder mantener la esencia del “yo” y crear. Freud, en su estudio sobre “La psicología de las masas” denotaba este giro en la vida psíquica humana. Decía que el individuo tendía a disociarse de su ideal de yo cuando se adentraba en una masa estable. Así, volviendo a Debord, una masa exitosa es aquella que crea la necesidad de pertenecer a un colectivo extenso. Se separa al individuo de su mundo interior para ser integrado en un carrusel de imágenes que lo hipnotizan y le enseñan a comportarse en un mundo repleto de falacias impulsadas por una  estructura superior que tiene el propósito social de mediatizar, de alienar.

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