“Norma y paraíso de los negros” se incluye en el segundo apartado de la recopilación “Poeta en Nueva York”, llamado “Los Negros”. El poema es una inscripción casi etnológico-periodística en la que García Lorca ensaya poéticamente el “redescubrimiento” de una cultura que está soterrada por una primacía aniquiladora y aplastante: la comunidad afroamericana de Harlem, Nueva York. Se inicia el canto ya con una cargada energía vengativa y dolorosa, la voz poética lanza: “Odian la sombra del pájaro…”. El odio vuelve a reiterarse en la segunda estrofa mientras que la tercera estrofa es vencida por la palabra “Aman”. La composición se construye a partir de 7 cuartetos asonantes. Nos plantea un medio hostil dentro del “Harlem Renaissance” y el enfrentamiento entre la civilización y la naturaleza.
Antes de su llegada a Nueva York en el verano del 29’, que fue calurosa y llena de amigos, Lorca ya era un artista de éxito; conocido por su poesía neopopular y neofolkórica con la publicación de “Romancero Gitano” (1928). En dicho célebre libro de poemas, Lorca consiguió recrear un paradigma mitológico, un método similar al de T.S. Elliot con “La tierra baldía”, sobre el espíritu atemporal del sur. Años más tarde, tras la vuelta de América, en 1931, publicaría una obra anterior incluso a “Romancero Gitano”, “El Poema del Cante Jondo” (1931) que eclosionó el motivo típico lorquiano de la pena negra. Esta pena, también la encontramos en “Norma y paraíso…”. Así, las canciones de NY son, transculturalmente, cantes jondos, nanas míticas que constituyen una tercera dimensión. Lorca consiguió transformar los sonidos y los ritmos de esas “vidas concretas”, fuesen gitanas o afroamericanas, para que pudieran expresar de forma potente las fuerzas míticas y el conflicto entre opuestos. “Norma y paraíso” es un poema de ruidos y de voces de sufrimiento, pero de sabiduría ancestral.
“Yo quería subrayar el dolor que tienen los negros de ser negros en un mundo contrario”, dijo Lorca después de recorrer las calles de Harlem; un universo diverso y autoregulado. Nueva York, para Lorca, era geometría. La violencia de la ciudad se encontraba en su ritmo frenético y deshumanizante. Ante ello, Lorca decía “hay que salir de la ciudad y hay que vencerla”. Como poeta, debía penetrar en la vida social y denunciar. Lorca parece asociar los negros de Nueva York, no con el sencillo tono espiritual sino con lo profético y primitivo. Las voces de sufrimiento contribuyen a un soundtrack metafórico de la visión lorquiana sobre la ciudad. Lorca capturó esos desarrollos que tanta relación tenían con su apego a la tierra, a la materia, al cosmos en general y que adquirían una proyección nueva al enfrentarse con la realidad norteamericana, dando pie a la figura humana y poética.
Mil fuerzas particulares nos hablan, sin dejar que nos demos cuenta de su materialidad, actuando como heraldos de una expresión inmaterial, de un movimiento irreprimido. Formas cristalizadas que conviven con las formas más elementales de vida. En su obra, siempre hay un viaje de vuelta al equilibrio de los opuestos. Sistemas abstractos, fijos, estáticos, estéticos y distanciados. Puede que la ciudad americana fuese la estructura ambiental para explorar dos tipos de descomposiciones: la degradación del ser humano y la interna del poeta. Eso se expresa mediante metáforas como el pájaro de la libertad de la primera estrofa, elementos de castigo como la flecha, el agua contaminada o el azul paraíso que nunca obtienen porque viven colonizados por el odio y la dominancia blanca. Lorca es creador de imágenes sensibles. En “Poeta en NY” se presenta como “Yo solo y errante”. Busca ceñir las palabras a la “reacción lírica” ante la ciudad y en Harlem descubre la destrucción, el odio, el olvido del origen, la suciedad y la enajenación.
Al marcharse, tendrá un sentimiento y una admiración profunda de esa experiencia. En el desierto capitalista y utilitario de Nueva York no hay lugar para poetas ni poesía ni para españoles. Tras el extraordinario éxito del neotradicional “Romancero Gitano”, el poeta buscaba una voz más estridente, más vanguardista, aunque ponemos en duda que el poemario sea surrealista. Al leer los poemas en público, Lorca estructura el libro como la narración de un viaje y recalca el aspecto de crítica social y su desengaño con la sociedad norteamericana. Lorca no busca ser romántico sino condensar su sensibilidad. Hace un ejercicio de descripción de percepciones, pero en la actividad descubre lo denunciable. Fue testigo de la tiranía del capitalismo además de la opresión de los negros y la frialdad de la sociedad moderna. Que Lorca lo viese con sus propios ojos le aporta una perspectiva inesperada que llevará consigo en la vuelta transanlántica. Esos nuevos conocimientos se plasmarán en futuras obras igual de importantes como “Bodas de Sangre” (1931) o “El Público”, publicada póstumamente.

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